Hoy he recibido este mail de mi colega Chulain:
Se dice pronto y parece poco…11 años. Hace once años 640KB deberían ser suficientes para todo el mundo, Internet existía pero no para nosotros, los móviles eran equipos grandes, pesados y engorrosos, las copas valían 300 pelas, la información quería ser libre, el Seco grababa con la filarmónica de Viena su primera maqueta, el Doom 2 prometía un futuro para la experiencia lúdica en 3d, 30MB se quedaban cortos de disco duro, 400MB eran una pasada, había rumores relativos a procesadores para Pcs a 100Mhz, los privilegiados tenían lector de cds (1x y con cadi, pero entonces sobraban equis), 1MB para la gráfica y 8 de RAM y para qué querías más…y el mundo a los pies.
¿En que momento el mundo empieza a llegar al cuello? ¿Cómo vivíamos con “tan poco”? ¿Puede ser que la superación de las expectativas acabe con las ilusiones? ¿Se puede llamar “superación de expectativas” simplemente a multiplicar por 10 o 256 las viejas cifras? ¿Quiere ahora la información ser 10 o 256 veces más libre? ¿Acaso lo es? ¿Tenemos 10 o 256 veces más mundo a los pies, o el mundo nos queda 10 o 256 veces más arriba que antes?…
Chulain es una de las pocas personas que conozco a las que el alcohol vuelve lúcido, pero esto no fué una revelación, fué un flashback en toda regla.
Me resulta difícil, pero voy a tratar de describir una sensación:
Debía tener apenas 13 años, y mis padres me regalaron un Sinclair Spectrum 48K . Si, 48K, mucho menos de lo que lleva esa mierda de teléfono móvil que llevas en el bolsillo, te lo compraste el año pasado y ya es una antigualla. Entonces 48K probablemente ya multiplicaban varias veces la memoria que llevaba la sonda Pioneer el año que yo nací. Utilizaba aquella comparación para impresionar a la gente a la que enseñaba aquella maquina lenta y temperamental (parecía tener personalidad propia).
Por aquel entonces yo ya era un tecnófilo en potencia, siempre empezaba los libros de Ciencias Naturales por el final, por la conquista espacial. Creía en un futuro perfecto y brillante. Era un humanista convencido, probablemente por la falta de experiencia.
Al principio utilice el ordenador como una simple consola, los juegos pasaban a decenas por mi Spectrum. Horas y horas de aventuras pixeladas, que hoy avergonzarían al más cutre de los teléfonos móviles.
Un día, durante una de las azarosas cargas de otro juego más (no recuerdo cual), la carga se cortó y al pulsar INTRO, aparecieron en la pantalla paginas y paginas de código. Todavía no era capaz de entender el Basic del Spectrum, pero por un rato, creí estar viendo el código que daba vida a aquel juego. Me sentía como un científico que se hubiera tropezado con una trampilla, y al abrirla hubiera encontrado los engranajes del universo.
La idea de hacer mi propio juego y aquella sensación, es lo que me encaminó al mundo de la informática. La he seguido buscando desde entonces en cada lenguaje de programación, en cada nuevo programa que me instalaba, en cada trozo de código que escribí aprendiendo tal o cual concepto que emplearía en hacer mi juego, y después dejaba de lado en cuanto perdía aquel desafío.
También lo busqué leyendo, viajando o frecuentando una comunidad de hackers (que sobado esta el termino), no un grupo organizado, un canal de IRC donde encontraba gente como yo. Aquel primer deface que me habría producido un orgasmo si hubiera tenido algún órgano dedicado a producir ego en vez de esperma.
Pero me faltaba voluntad (y tiempo) para seguir ese camino.
Han pasado más de 20 años desde aquel día y todavía busco aquella sensación, todavía busco los engranajes del universo, todavía quiero hacer mi juego, todavía soy un humanista. Pero me cuesta cada vez más. Quizás el hecho de vivir rodeado de tecnología esta acabando con mi capacidad de asombro, en los últimos años he contado mis visitas al SIMO por decepciones . Como sucedaneo, consigo un retazo de aquella sensación visitando sitios como Engadget o Xataka o viviendo las aventuras de Kirai en Japón.
Así que tengo que agradecerle a Chulain que me recuerde que hubo una época en la que el mundo era un inmenso juguete que algún dios autista se había dejado olvidado y que yo encontré por casualidad. El alcohol y las drogas no se pueden comparar con eso, una vez que sabes cómo se siente Dios.
Gracias Chulain.